Presentaremos una serie relacionada con el tema del teatro y la tecnología, algo que podría ser interesante en esta época del internet y la computación.
Desde la edad dorada de los clásicos, el teatro nunca ha sido ajeno a las innovaciones tecnológicas. Desde las cuevas que se excavaban en los lugares adyacentes a los teatros griegos con la intención de que sirvieran como cajas de resonancia, la técnica ha actuado básicamente sobre los dos vectores de la originaria naturaleza audiovisual de la representación, sonido y luz, y se ha usado así para amplificar e iluminar, para allanarle al discurso el camino entre el escenario y el patio de butacas.

Pero también desde el principio los elementos técnicos no podían limitarse a garantizar la transmisión de un texto interpretado y dramatizado, sino que modelaban el propio artificio de la representación, haciendo bueno una vez más el archiconocido axioma de MacLuhan que identifica medio y mensaje.

Una determinada iluminación puede evocar así la enfermedad de un personaje, un bote de humo puede evocar un ambiente tenebroso o un sonido de agua que corre puede sugerir la proximidad de un río, por citar tres burdos ejemplos de intervención de la técnica en la dramaturgia.

Pero en esa línea, es lógico que en el momento en el que se cuestionan los límites de la representación y el propio teatro se replantea sus reglas (no solo las famosas tres unidades, sino su misma existencia como espectáculo que unos hacen para que otros lo miren), se recurra otra vez a la tecnología para crear algo nuevo en esa fractura.

Las nuevas tecnologías de la comunicación sustentan su condición innovadora en su potencial interactivo y transtextual, en su capacidad para hacer reversibles los cauces de la comunicación y para hacer que confluyan diferentes discursos en dieferentes registros. El teatro que las utiliza pretende así fundamentalmente la combinación de lenguajes y la interacción entre público y actores, todo en función de una obra abierta y en constante progreso en la que se disuelve la autoría y la recepción se entiende como participación. (arriba)

Interactividad y transtextualidad

La inclusión en la puesta en escena de elementos propios de otros campos de expresión (música grabada y proyecciones de imagen fija o en movimiento, sobre todo) ha sido muy frecuente en buena parte del teatro de vanguardia que se ha hecho en los últimos treinta años.

Compañías como el Living Theatre de Nueva York fueron pioneras a la hora de romper el espacio escénico tradicional mediante la incorporación de este tipo de recursos, y los espectáculos de Robert Wilson y Philip Glass son otra buena muestra de una lista innumerable de ejemplos.

En este baile de lenguajes, también se ha dado alguna vez el caso contrario y proyecciones cinematográficas se han apoyado en una representación en directo, con actores, 'efectos especiales' en vivo y participación activa de los espectadores, como en el caso de los míticos pases en París y Londres de The Rocky Horror Picture Show.

En un ámbito más cercano, al hablar del vínculo entre teatro y nuevas tecnologías, hay que citar sin lugar a dudas a La Fura dels Baus. La compañía catalana ha marcado con su 'lenguaje furero' una peculiar manera de entender el espectáculo teatral. Mezcla de movimiento, música, materiales industriales y naturales y nuevas tecnologías, los espectáculos de la fura rompen con el concepto de espacio escénico (se representan habitualmente en espacios abiertos o en grandes naves) e implican de forma directa al espectador.

Pero la interactividad no es patrimonio del posmoderno discurso megalómano de la Fura. Tricicle, otro de los clásicos de la escena española, propone en su último espectáculo, Tricicle 20 una curiosa fórmula de teatro interactivo. En la gira con la que están celebrando sus veinte años de trayectoria, este grupo ofrece a los espectadores una lista de los sketches más exitosos de su carrera y les da la posibilidad de elegir a través de una encuesta los que se interpretan en cada función.(arriba)

El teatro digital de La Fura dels Baus

La Fura dels Baus ha dado un paso más en su vinculación entre las nuevas tecnologías y el teatro con la formulación de lo que ellos han dado en llamar 'teatro digital' y que se define en la web de la propia compañía como "la suma de actores y bits 0 y 1 que se desplazan por la red".

Esta modalidad, anticipada ya en espectáculos fureros como F@usto versión 3.0 o L'Home del Mil.lenni, se consagra en ØBS, el montaje más reciente de la compañía, como un lenguaje escénico-tecnológico en el que conviven elementos reales y virtuales.

En ØBS se combina así el movimiento de actores con el de imágenes tridimensionales proyectadas sobre pantallas móviles que van evolucionando de acuerdo a la dramaturgia del espectáculo y que permiten además la interacción entre actores situados en tiempos y lugares diferentes. Esta fascinación por lo visual se concreta en la disolución de lo dramático en lo espectacular, otra de las señas de identidad de la Fura.

La alusión al lenguaje binario que caracteriza a este teatro digital proviene de la relación simultánea de lo orgánico con lo inorgánico, lo material y lo virtual, el actor de carne y huesos con el avatar, el espectador presencial con el internauta, el escenario físico con el ciberespacio.

Pero ØBS se concibe sobre todo como un work in progress diferente en cada función y en el que los espectadores pueden participar con propuestas argumentales a través de una página en la que se insertan también conexiones en directo y vídeos de los espectáculos.

Otro de los textos que se recogen en la web de la Fura explica así la relación del grupo con la Red: "Internet es la visualización de un pensamiento colectivo, orgánico y caótico, que ha ido desarrollándose sin una jerarquía definida. El Teatro Digital se multiplica en miles de representaciones donde los ciberteatreros pueden desplegar imágenes de su propia subjetividad, en el interior de mundos virtuales compartidos". (arriba)

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