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Entrevista exclusiva a Alberto Sarraín

Ernesto García: El dinero: algo bien importante para la producción de cualquier evento artístico. ¿Cuál es tú opinión sobre el apoyo y la contribución de los diferentes organismos y fundaciones, incluso el gobierno local, con referencia al teatro? ¿ Existe en la comunidad hispana de Miami un respaldo al arte teatral? Los políticos en cualquier sociedad democrática tratan de "ganar la simpatía de sus votantes", si no existe un real interés por el teatro de parte de la comunidad, ¿estarían los políticos y burócratas atraídos a dar "Grants" a quienes producen un arte de minorías?

Alberto Sarraín: Existe mucho dinero disponible para Agrupaciones incorporadas sin fines de lucro con un status que el Servicio de Rentas Internas llama 501 (c)(3). El principal problema radica en que se necesita una persona a tiempo completo que se ocupe de escribir para solicitar subvenciones. La persona que escriba Grants no sólo tiene que saber escribir muy bien inglés, sino saber escribir lo que los panelistas quieren oír. Lo cual puede ser tarea incierta, porque los panelistas en su mayoría no le interesa nuestra cultura. A menos que sea una cosa "folklórica". Los patrones de comportamiento, producción y referentes culturales siempre son, por supuesto, los de los americanos, lo que quiere decir que estamos en una terrible desventaja. No sólo porque no sepamos hacerlo como ellos, sino porque tenemos la profunda convicción de están equivocados. Por otra parte en Miami hay una terrible división, los negros están contra los cubanos, los cubanos contra los negros y así sucesivamente, anglos, negros, latinos, hispanos, católicos, protestantes, de izquierda, de derecha, republicanos, demócratas, independientes, todos contra casi todos. Además los panelistas que dan el dinero, son, en su mayoría e incluyendo a los nuestros, gente que no va nunca a los espectáculos de los grupos hispano parlantes. No importa lo que uno haga, el sistema está concebido con ciertas reglas burocráticas inquebrantables. Lo más importante no es la calidad de lo que tu hagas sino es atenerse a las reglas. Cualquier cosa que se crea atrevida, nueva o riesgosa está por principio eliminada. Otro aspecto importante son los presupuestos, en su mayoría desproporcionados, inflados y alterados para cumplir con parámetros que no se ajustan a los pequeños grupos o a la idea que de hacer arte se tiene en los márgenes de la sociedad principal. Por otra parte nuestra comunidad no es una comunidad con tradición de donaciones. Así por ejemplo tú puedes ver que la mayoría de los contribuyentes de los grandes grupos de arte hispanos son corporaciones americanas. Nuestra gente tiene tradición de donar a la Liga contra el cáncer, porque eso forma parte de la nostalgia de algo que se hacía en la Cuba pre-revolucionaria. Luego hay gente que dona a eventos de buen ver, donde hay una gala y se pueden encasquetar las lentejuelas y conocer a Julio Iglesias. En cuanto a los políticos y los "grants" siempre los cortes presupuestarios comienzan por las artes. Nunca he tenido en 23 años de trabajar en Miami y 40 puestas en escena la oportunidad de ver a un político sentado en el público. Sólo los eventos multitudinarios alcanzan el favor de nuestros políticos, creo que alguno ha ido a develar una placa y se va antes de que comience la función, siempre con el pretexto de estar en algún ajetreo. Tampoco van los funcionarios que organizan los paneles de los Grants, los administradores de las subvenciones y los panelistas que participan en la selección de los grupos que obtendrán dineros. El problema mayor es que los paneles que son autónomos no están formados por artistas sino por "miembros relevantes de la comunidad" que suelen ser empresarios, banqueros, maestros y cualquier otro destacado personaje que quiera tener en su currículo que participa de manera voluntaria en la vida comunitaria, casi siempre con objetivos políticos o laborales.

Ernesto García: ¿Crees que exista un balance entre lo comercial y lo artístico? ¿Cómo llegar al espectador de hoy y traerlo al teatro, o a la plaza en busca de un lenguaje artístico al que ya no esta acostumbrado? Sarraín y Estorino

Alberto Sarraín: Yo antes era muy cuadrado con el concepto de arte. Ahora lo sigo siendo conmigo mismo, pero me he vuelto más indulgente al juzgar el trabajo de los otros. Vuelvo a algo que te dije anteriormente. Al final siempre hay el genio y el artesano, teatro bueno y teatro malo. Hay gente que puede ser que toque géneros o estéticas que no sean mis preferidas, pero detrás de cualquiera de sus trabajos se puede ver un artista. Por ejemplo hay casos donde lo artístico puede ser muy popular. Es el caso de Héctor Quintero que logra con sus espectáculos atraer multitudes. Pero uno no puede hablar del teatro cubano sin mentar Contigo pan y cebolla o El premio flaco. Sin embargo hay otros espectáculos que asumen la comedia con mal gusto, que se apoyan en el chiste barato, en el doble sentido grueso. Esos espectáculos tienen mucho éxito, pero no son artísticos. Recientemente he oído comentario sobre puestas en escena de obras en que la gente aplaudía las malas palabras. Y a mí me parece bien. Todo lo que tenga público o la gente quiera consumir tiene una función social. Lo malo del asunto es cuando le quieres llamar teatro. Que como dice Lorca es un arte excelso. Lo que se puede poner en una cantina o en un cabaret mientras la gente toma tragos o pide papas fritas no es teatro. El teatro es un ritual que requiere una actitud especial del público que nunca puede compartirse con un plato de papas fritas. Yo conozco gente que se ha pasado la vida haciendo cosas que no le gustan porque en su afán de ponerse en lugar del público y saber lo que el público quiere ver, termina haciendo cualquier disparate que no le llega a gustar al público porque al primero que no le gusta es al artista que se vende. Y eso sí es imposible. Uno tiene que ser el primer enamorado. Por tanto no creo en fórmulas mágicas, nadie sabe que es lo que a la gente le va a gustar, depende mucho de las ganas y del disfrute del artista en el acto de creación, no importa que tenga risas o lágrimas, lo que importa es que sea un acto genuino. Ahí tienes a los auténticos artistas del bufo cubano: Candita Quintana, Alicia Rico, Alberto Pous, El Chino Wong. Lo que hacían era realmente arte. Tan artístico como una puesta de La gaviota de Chejov. Por eso Candita pudo hacer cosas importantes fuera del bufo como la Iluminada de El premio flaco, que es un personaje patético. En cuanto a la decadencia del teatro y su desventajosa competencia con el cine, el video, el DVD y las computadoras con todas sus secuelas siempre recuerdo que "El teatro está en crisis" lo dice Aristóteles en La poética y de allá para acá ha seguido en una crisis perpetua, de ahí que los ingleses le llaman "el eterno inválido". Nosotros tenemos que trabajar en la educación de las nuevas generaciones. Hay gente como yo que no hago televisión, ni me interesa como lenguaje artístico. Gente de teatro, que seguirán formando gente, aunque sus discípulos se vayan para la televisión. La televisión y el cine son los amantes ricos que le dan todo a los que logran traspasar con éxito el umbral de su casa. El teatro es todo lo contrario, es el amante celoso que exige todo y que sólo te regresa como alternativa la alegría de estar con él en su miseria. Pero es un buen amante, una vez que lo conoces es muy difícil que lo dejes. Quiero terminar esta pregunta con una cita de Federico sobre el teatro y el público:
"El teatro se debe imponer al público y no el público al teatro. Para eso, autores y actores deben revestirse, a costa de sangre, de gran autoridad, porque el público de teatro es como los niños en las escuelas: adora al maestro grave y austero que exige y hace justicia, y llena de crueles agujas las sillas donde se sientan los maestros tímidos y adulones, que ni enseñan, ni dejan enseñar."

Ernesto García: El Festival del Monólogo de Miami, otro éxito del proyecto cultural La Má Teodora, dirigido por Sarraín. Me imagino que los eventos del 11 de septiembre golpearan seriamente los cimientos económicos de quienes ayudan financieramente al Festival y esta, quizás entre otras razones, contribuyó negativamente al hecho de que este año no podremos disfrutar del Festival en nuestra ciudad. Sarraín, cuéntanos cómo surge la idea de este festival y como fue la experiencia del mismo.

Alberto Sarraín: El I Festival del Monólogo surgió como una idea de fácil realización para cubrir la programación del espacio que Pablo Durán y La Má Teodora rentaron en la Pequeña Habana. Ese espacio al que le pusimos El hueco, no era otra cosa que eso, un hueco, pero que hubiera sido suficiente para establecer una programación estable si más gente de Teatro hubiera creído en la idea. Parece que en este pueblo concibe el teatro como un espacio italiano con cómodas butacas y una pizarra de luces computarizadas con haces de rayos láser móviles. En realidad no teníamos las condiciones mínimas para mantenerlo. Además el dueño aumentó la renta, los inspectores de la ciudad iban y venían, los seguros, etc., etc. La idea surgió de una conversación con mi amigo y asesor Juan Carlos Martínez. Nosotros estábamos convencidos de que si bien las condiciones del lugar no permitían hacer un Chejov, era lo suficientemente bueno para representar un monólogo. Después agregamos la idea de los premios y el jurado, en esta ciudad el trabajo de los artistas de teatro en español no tienen el menor reconocimiento. Todas las organizaciones que entregaban premios han desaparecido y sólo Norma Niurka de El nuevo herald continúa haciendo un resumen anual y reconociendo lo que a su juicio fue lo mejor del año. Pensamos que si conseguíamos un buen jurado mucha gente se interesaría en participar porque si bien los premios suelen ser vistos con desdén por los artistas, estos adquieren un valor inusitado si son otorgados por un jurado de artistas reconocidos. Yo viajaba a Cuba para ver el Festival de Teatro de Camagüey y Juan Carlos sugirió que invitara a Eugenio Hernández Espinosa como jurado. Yo llegué a Camagüey con una invitación oficial de Cuba. Quería plantear la idea, pero no quería que pareciera demasiado estructurada porque en realidad no teníamos ni donde amarrar la chiva. Hablé con Eugenio, con quien me une una vieja amistad y de quien soy un admirador y a él le pareció una idea atrevida, pero buena. Después vi El primo de La Habana de Pancho García y le dije que por qué no tratábamos de llevarlo. Pancho se entusiasmó mucho, pero enseguida me habló de conseguir un texto que asumiera la misma idea del festival donde se reencontrarían cubanos de las dos orillas. A mi regreso a Miami tenía más de 10 propuestas de monólogos y la promesa de que las autoridades culturales cubanas lo consideraran. Llegando de Cuba nos reunimos con un grupo de gente de los viernes culturales de Pequeña Habana. Nadie creyó en el proyecto hubo quien salió diciendo que como yo podía ofrecer a artistas de alto calibre aquel agujero. Incluso a quien se le ofreció dinero para hacer la producción del festival y declinó diciendo que ya tenía otro compromiso. A Juan Carlos que no tenía experiencia en la producción teatral sino en la crítica fue como si le echaran un cubo de agua. Pero yo estoy acostumbrado a los aguafiestas, he luchado a brazo partido con ellos por más de 20 años. De repente murió Juan Carlos, se cerró definitivamente El hueco y yo tenía en mi poder los suficientes pretextos para cancelar el Festival. Fue en realidad el entusiasmo de los artistas de la isla y su deseo de compartir con los cubanos de aquí fue lo que me sostuvo para continuar con un proyecto para el que teníamos $2500. Hablé con Lilian Manzor de la Universidad de Miami, pensé que le interesaba lo suficiente el teatro y que tenía ese toque de locura necesario para acometer una empresa que sólo con fe se sostenía. Curiosamente el festival fue posible porque traíamos muchos grupos de Cuba. He ahí la paradoja de lo que puede ser un análisis socio- político- cultural. El viaje y la estadía de los grupos cubanos encontró enseguida patrocinadores a través de distintas instituciones académicas y culturales que se interesan en conocer lo que pasa en Cuba. Fue tal la respuesta en este sentido que comenzamos a preocuparnos porque eran ya muchos los grupos de Cuba interesados en venir a Miami y muchos patrocinadores que estaban dispuestos a pagar los gastos de los cubanos. De alguna manera parecía un festival cubano. La gente me preguntaba si yo me atrevería a presentar a cubanos de la isla aquí y yo no tuve la menor duda primero porque el teatro le interesa tan poco a la gente que los agitadores políticos de nuestra ciudad que se llenan los bolsillos con el ejercicio de la lengua, ni siquiera leen las noticias de teatro. Por otra parte a lo largo del trabajo de La Má Teodora he visto como hay un público que llena mis puestas y que se interesa en este tipo de presentaciones. Así que en nombre de esa gente no tuve el menor miedo, porque siento que lo que hago no es solo lo que yo pienso o creo sino que es también el pensamiento y la creencia de un gran sector de la población cubana radicada en Miami. Por otra parte siempre he realizado mis trabajos con mucho respeto por la cultura cubana y sólo han protestado contra ellos los que no van a verlos, los que no van nunca al teatro, o algún que otro colega teatral con secretas intenciones, capaz de tergiversar frases mías descontextualizando lo hiperbólico y tratando de ponerme, melodramáticamente, como vocero de lo lapidario y escatológico. Me da mucha gracia oír a los sectores más radicales del "exilio histórico" siempre que viene algún artista cubano a presentarse en Miami, preguntarles que ya ellos vienen aquí por qué no dejan presentarse allá a los artistas que viven en el exilio. Para oírlos casi simultáneamente hacerle un acto de repudio y quitándole los trabajos a aquellos que se atreven a visitar y presentarse en Cuba. Hablamos con varias personalidades teatrales del exilio para que presentaran algo, para que fueran jurados, pero silenciosamente, sin dar respuestas precisas se fueron apartando y convirtiéndose en opositores al festival. Otros no dijeron nada, no creían que se pudiera hacer y se sentaron a ver pasar nuestro cadáver. Pero el festival fue un éxito, un éxitos de público, de crítica. De alguna manera nos abrió puertas en Cuba para negociar un viejo sueño: la posibilidad de hacer una producción con cubanos de todas las orillas. Y nos encontramos en esa fase: La posibilidad de presentar Parece blanca de Abelardo Estorino con un elenco de actores de aquí, de allá y de acullá.

Ernesto García: Teatro en Miami comenzó hace dos años, y la mayoría de sus lectores iniciales y más fieles son alumnos de actuación y teatro de los cursos de la actriz Sandra García. Por esto, me gustaría terminar esta entrevista con algunos consejos que tú, como director experimentado, como artista que vives en su misma comunidad podrías darle. No tienen que ser necesariamente palabras de aliento, sino verdades, ¿cómo vive un actor teatral?

Alberto Sarraín: Un actor tiene que vivir para el teatro no del teatro. Tiene amar al teatro sabiendo que este es un amante terco y celoso. Que sólo te satisfacciones cuando tú te entregas totalmente. Un actor tiene que estudiar que leer mucho, poesía primariamente porque las metáforas poéticas, el ritmo de la poesía y sobre todo el sentido final de unos versos son el objetivo del teatro que debe componer metáforas con la acción, con un ritmo especial y esencial y sobre todo el teatro tiene que ser el arte del sentido, de la idea, de la comunicación de esa idea. También hay que estar actualizado en teoría teatral y para eso hay leer revistas especializadas, libros de teoría teatral y ver teatro. Hay que ver teatro no sentado en la luneta del teatro de la esquina de tu casa, sino salir a buscarlo viajar a festivales, a distintos países y saber que pasa no vaya a ser que le suceda como a algunos actores y hasta profesores que durante 30 años de trabajo ininterrumpido usan las mismas tarjetas gastadas con la misma estática teoría de actuación como si el mundo se hubiera detenido a principios del siglo XX cuando Stanislavski creó un sistema para las puestas en escenas del teatro de Chejov. Eso pasa y pasa porque los actores incluso los talentosos suelen ser vagos para su desarrollo. Mientras que los bailarines hacen barra todos los días, y los pianistas dedos y el escritor rompe cuartillas por ocho horas. Los actores se mantienen un mundillo laxo en busca de "vivencias" enfrascados en complejas teorías existenciales en boga, diletando o viviendo su propio drama con intensidad. Hay que trabajar, estudiar, viajar, ver teatro, ejercitar el cuerpo, ver cine, leer y no conformarse con el estrecho marco de un sistema sino abrir el lente y dejar que la innovación entre como la luz. Pero sobretodo no traicionar nunca al teatro por los frijoles. No dejar que la sobrevivencia, el consumo y el confort mate al artista.

Ernesto García: Gracias nuevamente por esta entrevista y espero que los lectores de Teatro en Miami tengan después de esta, una visión más rica del Teatro, de su importancia en nuestra realidad y de los proyectos que artistas como tú, realizan justo en la puerta de al lado.

Teatro en Miami
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